¿Eres un amante del esquí y estás pensando ya en la nieve? No es que queramos acelerar el invierno, no. Es que estas propuestas de Pyrenair, por su organización y variedad, resultan sumamente irresistibles… incluso a largo plazo. Si la idea es ir a esquiar sin sufrir el suplicio de los traslados tradicionales a las pistas, la solución es Pyrenair, la compañía que aúna avión y nieve para ofrecer un producto turístico integrado. Un producto que no sólo opera con vuelos regulares, sino que, además, incorpora programas completos con actividades en el Pirineo Aragonés. La próxima temporada invernal viene cargadita de propuestas invernales que atraen al Pirineo a los aficionados a la montaña que busquen una alternativa al esquí convencional en pista. Cursos de seguridad y orientación en montaña, raquetas, esquí de fondo o construcción de igloos son algunas de las actividades entre las que podrán elegir o combinar los usuarios que quieran conocer esta forma de disfrutar de la nieve en esta bella región. Los programas de Pyrenair incluyen vuelos directos, actividades y alojamientos, y se llevan a cabo en los Espacios Nórdicos del Pirineo aragonés. La recién creada Asociación de Espacios Nórdicos de Aragón, que promociona y fomenta el esquí nórdico y las diferentes modalidades deportivas que en estos espacios se pueden practicar, recibió el pasado mes de junio el respaldo del gobierno autonómico. Se trata de una disciplina creciente, que permite abrir el abanico de usuarios de la nieve y contribuye al establecimiento de estos espacios nórdicos como motor de desarrollo de los territorios donde se encuentran situados. Con este programa, que se encuadra bajo el lema «Disfruta de la nieve sin remontes», Pyrenair diversificará el producto de nieve que oferta a sus usuarios, haciéndolo además asequible para cualquier persona, pero también desatomizará el impacto de su actividad económica, extendiéndolo hacia otros valles altoaragoneses. Entre ellos, la Mancomunidad de los Valles, en la que se encuentra el Espacio Nórdico de Linza, el primero que acogerá a los usuarios de Pyrenair que opten por estas fórmulas alternativas del turismo y el deporte invernales. Máxima calidad Por otra parte, y como complemento a la oferta de nieve, Pyrenair continuará el próximo año apostando por las actividades culturales, gastronómicas y de ocio alternativas, con la Ruta del Vino Somontano como principal exponente. La compañía de servicios aéreos y turísticos Pyrenair operará durante la próxima temporada vuelos directos que conectarán el aeropuerto de Huesca-Pirineos con las ciudades de A Coruña, Madrid, Palma de Mallorca y, vía Madrid, Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife. |
Era una mañana radiante. Las calles peatonales de Baixa, la zona comercial de Lisboa, hervían de turistas. Mientras disfrutaba -casi a hurtadillas, como siempre que me gratifico con algo tan calórico- de un delicioso ‘bolinho de feijao’, observaba con curiosidad creciente una cola interminable de personas que recorría toda la calle de la Correeira. Desde mi mesa no podía ver el principio ni el fin de la fila, así que, intrigado, pregunté a un grupo de españoles que aliviaban la espera sentados en el suelo. «¿Para qué es esta cola?» «Para ver unas ruinas romanas» «Y qué tienen de especial para atraer a tanta gente?» «No sabemos, pero nos han dicho que sólo se pueden ver hoy» «Cuánto tiempo lleváis esperando» «Dos horas, y todavía nos queda otra, por lo menos» Ocioso y curioso, avancé por la calle siguiendo el sentido de la fila hasta la Rua de Conceiçao, donde doblaba a la izquierda y seguía un trecho hasta quedar detenida en mitad de la acera. Conceiçao es una calle abierta al tráfico y tenía otra importante cola enfrente esperando el tranvía 28, el que lleva al personal al Castillo de San Jorge, la Alfama, Graça, la Mouraría, etc. En medio de la calle, justo entre ambas colas, se abría una trampilla rectangular por la que descendían de uno en uno los pacientes afortunados que llevaban horas esperando ese momento. Al cabo de unos minutos salían, y enseguida bajaban otros, y en este plan. Me hice el encontradizo con una pareja de españoles que emergía del subsuelo intercambiando comentarios críticos. «¿Qué hay ahí abajo?» «Nada. Un sótano con bóvedas de piedra. Dicen que es el basamento de una antigua construcción romana, pero también podría ser la bodega de mi abuelo» «¿Vale la pena esperar tantas horas para eso?» «Desde luego que no, pero como sólo lo abren una vez al año…» Mis indagaciones no me llevaron mucho más lejos. Nadie sabe bien de qué se trata. Las gruesas columnas de piedra y los techos abovedados constituyeron un día, en la época romana, los bajos de alguna edificación pública. Tras el terremoto quedaron enterrados. Desde hace unos años, las filtraciones, la rotura de colectores o las mareas, según las distintas versiones, los tienen permanentemente inundados. Sólo una vez al año se extrae el agua con bombas para que puedan ser visitados por quienes lo deseen. La propia cola kilométrica es el mejor imán para atraer a los curiosos. No tuve tiempo para mas indagaciones porque se acercaba el 28 y no quería perderlo. En el Miradouro de Santa Lucía, que es donde arrancan las escaleras que llevan al Castillo, abandoné el tranvía. En vez de subir a la vieja fortaleza, preferí quedarme un buen rato con la mirada perdida en el horizonte del río, una receta infalible contra la angustia y el desasosiego que me producen las colas. Después me perdí por las empinadas callejuelas de la Mouraría que tanto recuerdan a muchos pueblos andaluces. La verdad es que Lisboa está preciosa. Soñada por Ulises, fundada por fenicios, ocupada por griegos, cartagineses y romanos, conquistada por los moros de Alá y reconquistada por cruzados cristianos cuatro siglos después, la ciudad más occidental del continente, atesora reliquias de todas sus etapas históricas. Las siete colinas sobre las que se asienta son hoy otros tantos miradores coronando barrios de casas prietas y calles tortuosas que conservan el sabor genuino de otras épocas. Todo son subidas y bajadas, calles empinadas y tranvías que trepan penosamente por los serpenteantes adoquinados de los barrios. Y es que Lisboa, en un inacabable juego de espejos, gusta de mirarse (¿y admirarse?)a sí misma desde los distintos puntos de vista que son sus miradores. El más notable, el reconstruido castillo de San Jorge, es la fortaleza sobre la que se asentó la ciudad hace más de tres mil años. Pero, ya digo, yo preferí perderme a su espalda por las tortuosas calles de la Alfama, el barrio moro de la ciudad, donde antaño se levantaban las viviendas de los poderosos y hoy se arraciman las casas, estiradas unas sobre otras, para asomarse al río. Todo el sabor de la morería puede hallarse aún en algunas calles, tan estrechas que no pasaría un coche por ellas y en cuyos balcones se orean desinhibidamente las coladas familiares. Por alguna razón me cuesta en esta ciudad hacerme a la idea de que estoy en otro país. Hay algo muy familiar que me hace sentir en casa, y también, es evidente, algo especial que marca la diferencia. Me ocurre también, aunque en menor grado, cuando viajo, por ejemplo, a Galicia o Valencia, regiones con innegable personalidad propia, pero de las que emana una misteriosa pátina invisible de historia común. En lo alto del Mirador de Santa Lucía, ya sin angustia, se me ocurre que no sería mala idea uncir a todas las Españas y Lusitanias en una sola Iberia. ¿Una tontería? Al tiempo. |
Aunque resulta difícil resistirse a la tentación de un paquete todo incluido por unos 600 euros con derecho a una semana en Túnez recorriendo el país de punta a punta, en hotel de cuatro o incluso cinco estrellas, nada es comparable a saborear el país a nuestro propio ritmo.
Sobre todo cuando se trata de un destino cercano que como Portugal, Marruecos o Francia podemos visitar más de una vez en nuestra vida, sin tener que pedir un crédito ni hacer malabarismos con el presupuesto. Túnez todavía es un país barato sea cual sea la forma que elijamos para viajar. Acabo de explorar el norte, la zona más desconocida, durante ocho días y la experiencia no ha podido ser más gratificante. En principio sólo tenía reservado el alojamiento y un billete de avión. Lo demás fue surgiendo sobre la marcha según iba pidiendo el cuerpo. A la hora de decidirse por una compañía aérea, prácticamente no hay competencia. Tunisair (www.tunisair.com)ofrece un servicio impecable, comida caliente, un generoso espacio entre butacas y un precio imbatible tanto a la capital como a Tozeur. Leer mas; |




